Hay penumbras
en mi lecho de cortinas
que adrede se siembran
algunas mañanas
cuando te extraño.
Y entonces brota la música
violenta contra mis recuerdos
y sin permiso me los arranca
del pecho muerto
para bañar mi alma,
sin mi permiso,
para bañarla en vos,
contigo sobre mi cuerpo
vertiéndote en mi piel.
Y ya no hay más deseo
que el de regresarte
a mis tardes de amor contigo
a mis días de paz aún sin ti
y a mis noches de angustia
cuando no te tenía.