Hundido en el sueño,
el ritmo de mis caricias
perdió el paso sobre tu piel,
por culpa de la inesperada aparición
de esa geometría corpórea que
la lentitud a veces tiene, y que se
estira al huir, incapaz ya de
seguir el rastro de las escasas y
desvanecidas huellas que aún pueden
quedar del primigenio ritual
de mi cariño.