Más allá de la vista o del oído,
del gusto, del olfato
o del tacto.
Más allá del yo
y de uno mismo.
Más allá de la razón,
de decidir, de sentir,
de hacer o, simplemente,
de ser.
Más allá incluso
de la consciencia
y de la propia presencia.
Si aquello que tuvo su origen
siendo energía
no conoce final,
y todo lo que habita esa energía
de algún modo continúa,
aunque ignoremos
en qué forma
o en qué rincón del universo
le corresponda existir…
entonces lo que llamamos
final
solo es tránsito.
Así la vida y la muerte,
parte del mismo proceso,
silencioso o no,
latente
hasta volverse inevitable.
Y si la energía
colma la vida,
sin saber por qué
ni para qué,
más allá de la vida...
en energía también
quien ahora es
habrá de transformarse.