Te quise como se quiere al silencio
cuando cae la tarde en el monte;
sin ruido entraste en mi pecho
como nube que cruza el horizonte.
Te di noches, piel y calma,
mi cuerpo tibio bajo la lluvia;
y dejaste temblando mi alma
entre tus manos y tu duda.
Hubo besos que ardían como brasa,
y silencios que dolían sin hablar;
yo esperando que algo se quedara,
tú pensando tan solo en continuar.
Te ibas… volvías… como el viento
que agita ramas sin quedarse;
yo, quieta en el mismo momento,
aprendiendo al fin a marcharme.
Porque no fuiste ni siquiera un amigo,
ni la raíz que el tiempo nombra;
solo un árbol junto al camino
que dio aliento… y luego sombra.
Hoy tu presencia se pierde en la distancia,
como niebla que el sol deja caer;
lo que fuimos se vuelve una fragancia…
y mi vida comienza a florecer. 🌿
Yasuara Melgara