Resulta que tú llegabas
cuando yo salía
y nos cruzamos en la puerta
pero no lo sabíamos.
Y así perdimos el encuentro
primero de nuestras vidas.
Resulta que tú estabas
de espalda
y yo pasaba de largo
sin percatarme
de que eras tú
porque no te conocía.
Pero el destino es el destino
y decide nuestra vida:
cuando pasaba a tus espaldas
una tarjeta de presentación,
rosada como tu sonrisa,
cayó en mi bolsa panadera
y allí quedó guardada
hasta el siguiente día.
¡Y gran sorpresa la mía!
Nombre, dirección, teléfono,
y hasta una pequeña fotografía.
Sí, eras tú,
la misma de aquel día,
cuando nos cruzamos
a la salida del ascensor,
por primera vez en nuestras vidas.
Pensé que era cosa de milagros;
y te busqué
y te encontré
y ambos nos maravillamos,
y todo tuvo una explicación lógica
porque así nos convenía,
con un poco de misterio,
para animar la relación que nacía.
Porque así resultan las cosas
cuando la felicidad llega por azar
que es la manera más romántica
que encuentra el destino
cuando quiere unir dos almas
para toda la vida...
Frank Calle (11/marzo/2026)