María de los Ángeles Camacho Rivas

Bocacalle

Nadie me conoce mejor

que el ojo de la cerradura.

Ha grabado

desde su escultura de cilindro

el compás del tiempo;

galope de ideas agitadas,

cansadas, destendidas

o tan en pausa que

-a veces-

la llave gira como moribunda manecilla.

Ojo que me contempla

le sonríe a mis sueños al salir en la mañana

guarda los secretos

de las desilusiones al llegar en la tarde.

En su memoria,

el ojo conserva reservado

el latir emocionado, muecas,

más de un soez vocablo.

Muchas veces el brillo de las lágrimas

se ha gestado sobre su mirada.

 

Bocacalle, tercer ojo, corazón, hipotálamo.

 

Desde antes de ser creada

mi destino era ser observada

y

-aunque a veces lo olvide-

actúo como si nadie estuviese mirándome

y

hasta me desnudo.