Es fácil olvidar
lo que no conviene.
Pero hay caprichos del alma
que se instalan
donde uno no quiere.
No sé si viven en casa
o viven en uno,
pero lo cierto es
que aparecen
y se mueven
como animales nocturnos.
Quizá porque hablan bajito,
o quizá se avergüenzan
de su propia sombra.
Pero...
cuando la paz de la ciudad
allá afuera gobierna,
algo aquí escucho.
algo aquí habita.
Aunque nadie los vea,
aunque nadie más
los escuche.