Me han paseado tus besos,
migajas de un banquete ilusorio.
Arrastrado por avenidas de juramentos,
con el espíritu desnudo y la esperanza en jirones. Dicen que extravié la cordura,
que tu nombre es tóxico en mi verso.
Que te borre, insisten los prudentes,
pero mi latido ignora sus dictados. ¿Quién osa sentenciar esta locura?
¿Quién mide la sensatez en la pasión?
Si mi esencia, eco en el abismo,
solo halla tu luz en el vendaval. Ya no queman tus mutismos,
ni el azote feroz de tu indiferencia.
Lo precioso se redime con el alma,
y por ti, entrego la mía, sin remordimientos. Piensas que al sellar tu umbral,
se apaga el telón, el epílogo final.
Mas este loco, devoto e inquebrantable,
solo domina tu léxico, su juramento eterno. Abundan motivos para desterrarte,
para extirparte sin piedad ni lamento.
Pero mi ser, insurrecto y tenaz,
solo existe, suspira, palpita en tu embrujo