Tú me enseñaste a creer
en el vuelo de los pensamientos,
a amarlos en su silencio
y a habitarlos en cada momento.
Me pediste aceptarlos,
que de mi alma no escaparan,
que en el viento no se esfumaran...
¡Que mi pluma los rescatara!
Me enamoré de tu eco,
de esas semillas de palabras
que se sembraron en mí
como una bendición sagrada.
Te pregunto en el silencio:
¿Por qué al pensarte, socio,
todo en mi ser se altera?
¿Será que eres más que una idea?
¿SeraQueEresMiLuz?
©Violeta