No hay verdad más cierta,
ni honra más limpia y digna,
que ser, por necesidad, humilde soldado
y en los actos, firme estoico.
Llevar al país por orgullo,
alzarlo como bandera en cualquier ámbito;
ser siempre recto y digno
y aceptar con respeto el propio destino.
Luchar, si así lo exige el mandato,
a campo abierto, aun bajo mal presagio;
abrir senda al que ha de alzar el vuelo
y persistir, ante todo, vivo.
Honrar al compañero,
no murmurar del deber impuesto;
profesar, más que credo,
devoción a la ética y al trabajo.
Tu destino es abrir caminos;
el de otro, quizá, desplegar las alas.
Fidelidad a lo que eres y a tu rumbo,
sonrisa incluso ante el espasmo trágico.
Aceptar, a veces, el duro encargo;
defender lo primigenio;
mantener luz ante la calamidad
y, pese a todo, seguir creando senda.