javier lezaun

Doña Rosario

Javier Gartzia Lezaun

DOÑA ROSARIO
Doña Rosario, portera de mi escuela.
abría la puerta cada día
con las manos heridas de ausencia.
En sus mejillas ardía la memoria, 
el rojo silencioso de un llanto que nunca caía.
Un toro segó el destino de su compañero, 
y la cornada fue también un tajo en su horizonte.
Quedó madre de un nino huérfano, y ella, huérfana del amor.
Pero en su llavero tintineaban las llaves de la vida:
cada mañana abría
para nosotros
la puerta imposible
de la esperanza.