En papel de periódico,
escribo un verso que me florece con encanto,
en una taberna de barrio...
Palpándole el pulso,
le erijo en un pedestal de un lirismo iluminado,
como si fuera un tesoro...
Su latido es de ensueño,
en un instante de libertad pleno de equilibrio,
de belleza y de jolgorio...
Hermoso y lúcido,
su declamación parece un canto del paraíso,
con un premio divino...