Himno a los gorriones
Siendo especies indolentes
somos de igual condición,
pero por tu magia, vuelas:
oh, mi gorrión, mi gorrión.
Ni la luz solar conoce,
al igual que el viento tierno,
las vidas donde jugamos.
Pero tú serás eterno.
En donde camino mucho,
cien dudas siempre revelo.
Soy ignorado por tu voz,
y enmudezco sin recelo.
A todo mi mundo vivo,
das fertilidad si cantas;
si comes con tus parientes
semillas-madres de plantas.
Pero, en cambio, mi gorrión:
—oh, gorrión, de gran valor—
¿soy un humano, con la cara
para dar este clamor?
Y llegamos al ocaso,
para decir en el nombre
de tu eterna pulcritud:
eres niño, padre de hombre.