¿En qué momento dejaste de estar pendiente
a lo que decía mi voz ardiente,
y comenzaste a dejar en visto
cada palabra que yo escribía,
como si fueran hojas secas
que el viento arrastra sin importancia?
¿En qué momento dejaste de prestarme atención,
de darme el cariño que tanto prometías,
de sostener mis dudas con ternura,
de hacerme sentir que era tu razón?
Me pregunto si el silencio pesa más que el amor,
si la distancia se volvió tu refugio,
si el amor de mis letras ya no te toca,
si mi voz se perdió en tu mundo oscuro.
Cuánto cuesta escribir un mensaje,
cuánto cuesta decir “te pienso”,
cuánto cuesta mostrar que aún me llevas
en el rincón más sincero de tu pecho.
Yo sigo aquí, esperando respuestas,
con la esperanza rota pero viva,
con la certeza de que alguna vez
me prometiste un amor que no se olvida.
Y sin embargo, cada noche me pregunto:
¿cuánto cuesta escribir un mensaje,
cuando lo único que pido
es que me recuerdes con amor?