Está tan libre el cielo,
como aguamarina puro,
mas solo se siente,
al abismo dirige.
Nunca tocaré el cielo,
nunca llegaré a él,
la armonía de la soledad
me hace quererlo ver.
Caigo al suelo cada ocaso,
me turba la tarde:
melancólica sin reparo,
es el cielo un valle plano.
Es el enorme el azul,
no tiene fondo,
no tiene fin,
¿Por qué la vida se debe vivir?
El gris de estos tiempos,
el día va en un bostezo,
sin necesidad de ser,
sin afanes de correr.
Cae en miseria la noche,
el frío nos hela
y el viento corroe,
corroe las almas de los tristes.
Vamos por los temporales,
dando de sí lo probable:
saltamos por las lunas,
¡Quisiéramos llegar a las estrellas!
Mi realidad,
lejana a los sueños,
lejana al cielo,
pegada al suelo.
Vehementes mis pensamientos,
clonan lo que recuerdo bueno,
olvido lo que me generó dolor,
es el cielo donde queda mi estupor.
Se acaba otro día,
tan sola la vida,
tan tristes las almas,
a ese profundo azul
una última mirada.
Sol.