La curiosidad mató al gato
y este murió sabiendo.
¿Entonces vale la pena ser curioso?
¿Y quién define eso?
¿Acaso nosotros mismos,
la opinión popular,
tal vez el tiempo
o la propia vanidad?
¿Cuán caro es saber la verdad?
¿Se podrá acumular?,
¿cuánta curiosidad tenemos
permitido gastar?
¿Y en qué la vamos a gastar?
En fútbol, en autos, en música
en curar enfermedades
o descubrir algún delito.
El gato murió sabiendo
Pero, ¿cómo fue su partida?
¿Víctima del conocimiento?
¿Culpable de un descubrimiento?
¿Inocente de susceptibilidades?
¿Adelantado a su tiempo?
¿Valió la pena morir sabiendo?