Sebastian Mena

Destino curioso

La curiosidad mató al gato 

y este murió sabiendo.

 

¿Entonces vale la pena ser curioso?

 

¿Y quién define eso?

 

¿Acaso nosotros mismos,

la opinión popular,

tal vez el tiempo 

o la propia vanidad?

 

¿Cuán caro es saber la verdad?

¿Se podrá acumular?,

¿cuánta curiosidad tenemos 

permitido gastar? 

 

¿Y en qué la vamos a gastar? 

En fútbol, en autos, en música 

en curar enfermedades

o descubrir algún delito.

 

El gato murió sabiendo

 

Pero, ¿cómo fue su partida?

¿Víctima del conocimiento? 

¿Culpable de un descubrimiento?

¿Inocente de susceptibilidades?

¿Adelantado a su tiempo?

 

¿Valió la pena morir sabiendo?