En una tarde de febrero
pensando estaba yo
en la luz de tus labios
y el juego de tu amor.
Con palabras lindas
te lleno de mi amor,
pero ¿qué son las palabras?
preguntó el eco
de un viejo guitarrón.
La trompeta en su sonar
esto respondió:
Son la armonía de las letras
entonadas por una bella voz,
que al ritmo de mi canto
se alegra hasta el sol.
El violín, confundido,
esto replicó:
Si son tan lindas,
¿por qué destruyen sin razón?
¿Por qué hieren el alma
cuando se dicen sin corazón?
Y así, entre tanta discusión,
de mi garganta sonora
esta copla salió:
Las palabras son semillas
que florecen o no;
si nacen del alma limpia
dan perfume y color.
Que bella que es la vida,
qué bello es el amor,
qué lindas son las rosas
dadas con amor.
Pero más linda es la palabra
cuando nace del perdón,
cuando abraza sin espinas
y se entrega sin rencor.
Y en esta tarde de febrero
lo comprendí mejor:
no es la voz la que enamora,
es la verdad del corazón.