Oriion

Luna menguante

Hoy me quedé mirándola otra vez.
Tan bella como siempre.
Iluminando con su paz.

Junto al lago,
adornan la ciudad,
danzando felices en la orilla.

Mis sentidos son acariciados
por tu melódica voz.
Tierna y electrizante.
Suave y embelesante.

Que envuelve mi interior con calma,
y enciende —como una fogata—
esa que te adormece,
te cubre por completo,
desfilando cosquillitas...
hasta mi corazón.

La celosa luna se viste de gala.
Dorada en el estreno
del show de estrellas.
Majestuosa.
Culminante.

Las aguas —como espejos—
son anfitrionas de su belleza.

«Espectacular…
¿puedes verla?» —susurré.

Y en mi interior resuena
una curiosa, gratificante sinfonía.

Y el cielo se apaga.

«¿Dónde se fue?
¿Las nubes se la llevaron?
¿Qué?»
Pero si no hay nubes...

Entonces te escucho decir:
«Qué hermosa luna brilla hoy.»
—Susurras para mí.

Siento esas cosquillitas otra vez
por mi cuerpo.
Y lo entendí todo.

Era tu voz.

Que brilla como el mar,
tan suave como la seda,
tan cálida como el atardecer.

Hipnotizado por tu suave sonrisa,
por tu radiante voz...
La luna, celosa,
se retira...
menguante.