Somos algo divino flotando en la nada,
estamos dormidos con el alma atada,
sin cuerpos pecando en este universo vacío,
hablando entre sueños con un amor tardío.
Me miras, te miro, y huyes despavorido,
como si el destino ya estuviera prohibido.
Ven, no tengas miedo, deja caer la armadura,
aceptemos sin miedo nuestra simple ternura.
Y si el cielo perfecto tuviera que arder
para que por fin nos atrevamos a ser,
que caigan los sueños, que muera la idealidad:
prefiero tu abrazo imperfecto… a cualquier divinidad.