Alvaro S.

8 de marzo

8 de Marzo

​Te ciñes a mi cuello como un lazo de cuero,

recelas al viento al compás de tu pelo,

y en ese vaivén, donde el aire es acero,

me arrancas de golpe las plantas del suelo.

​Eres la causa en la calcinación de mis ojos,

el vaho que nubla cualquier voluntad.

Donde el juicio se rinde y se vuelve despojos,

comienza tu feudo de pura ansiedad.

​Eres la abrasión que mi planta no esquiva,

suelo calcinado que no busca clemencia.

Me obligas a andar con la guardia cautiva,

bebiendo el veneno de tu propia esencia.

​Te instalas al fondo, donde habitan mis demonios,

esos que enmudecen si sienten tu andar.

Hiciste ceniza todos mis testimonios,

dejando el yermo para gobernar.

​Eres mi rebeldía, mi dogma y mi yugo,

la mano que escribe mi propio epitafio.

No eres musa, eres mi tierno verdugo,

mi prisión, mi delirio... mi absoluto Omega.

Autor de obra:  bethero