Marquemos la distancia, ¿ok? Usted allá, yo aquí. Con eso basta, al principio.
Una tarde corrimos a escabullarnos de la lluvia, mi novia y yo. Al final solo eso quedaba en medio del aguacero tremendo que se había largado en pleno centro de esta ciudad siempre ajetreada. Terminamos bajo el pequeño techo de una librería, de libros, quiero decir.
- Che, mirá dónde terminamos, al lado de las tragedias de Skakespeare (dije, con mi manía de la deformación \"profesional\").
- Y sí, con vos todo parece haber salido de una tragedia griega.
- Pero el Guillote nunca escribió tragedias griegas.
- Bueno, eso, pfff, ¿te ponés imbancable a veces sabés? no sos como tu hermano.
- A ver ¿cómo es mi hermano? (poniendo cara del odio más visceral).
- Divertido, bueno, un tipo de su casa, y lo más importante: \"ES-TA-BLE\", confiable.
- ¿Y yo no soy nada de eso?
- No, nada de eso. Te lo tengo que decir.
- Y bueno, entonces salí con él, te doy mi bendición.
- ¿Sabés qué? por ahí lo hago, pero ya me hartaste por hoy al menos. Chau, no te gastes en llamarme en un par de días al menos. No sé... CHAU.
Y de repente sentí en la crisma unas astas, unos cuernos, pero familiares, con demasiado parentesco mientras ella se perdía en plena avenida, con su paraguas amarillo.