A veces el mundo parece sostener el aliento, como si esperara una señal.
A veces el instante pide tregua, un lugar donde no pase nada.
Como una hoja detenida en mitad del aire, como una luz que decide no apagarse todavía, como si el tiempo olvidara su prisa y se quedara un momento más.
Entonces lo entiendes: hay momentos que solo quieren durar.
El punto exacto, en que tú propio movimiento natural, te ordena sin hablar.
Quédate quieto.
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Rafael Blanco López
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