Carlos Andrey Vargas Araya

Miedo

¡Oh, libertad! Guaria blanca de mis años,
flor que en el surco de la vida echa raíz,
temo que el viento de los oscuros engaños
arranque de mi pecho tu última cicatriz.


Temo perder el nombre que con manos callosas
construí en el silencio del esfuerzo y del honor,
como el labriego siembra sus semillas laboriosas
sin saber si la lluvia le traerá fruto o dolor.


No son los férreos muros ni las rejas sombrías,
no es el frío de la  piedra ni el lamento del grillo,
es el hombre que llevo entre las ansias mías
que pregunta si acaso podrá seguir siendo sencillo.


Temo que entre las fieras que el infortunio congrega
pierda el manso rocío que aún moja mi ladera,
que el odio, ese extraño que a mi puerta ya llega,
me enseñe a caminar como quien ya no espera.


¡Oh dulzura! Arroyo de aguas cristalinas
que ha corrido en mi pecho desde el primer albor,
¿podrás sobrevivir entre las zarzas y espinas
de un mundo que a veces confunde al bueno con el traidor?

Mas hoy aún tiemblo como tiembla el almendro
cuando el viento del valle no sopla a su favor.