La tarde amenazaba
con cerrar sus párpados
para ceder su paso a la noche.
Estabas en aquella plaza,
entre las lánguidas farolas
que parecían adormilarse
con el sonido del txistu
y el baile de los gigantes.
Me fijé en ti,
y desde aquel día te buscaba,
cada tarde,
cuando los gigantes danzaban
al compás del txistu
y tú mirabas su baile.
\"Yo también bailaba entonces,
aunque solo mis ojos
siguieran tus pasos.”