AleAguilar

No para

Desenvainó su espada y la puso contra su cuerpo,

 

sintió el filo y vio reflejado el firmamento.

 

Como las estrellas solitarias, aún muertas,

 

siguen brillando en el oscuro cielo.

 

Pensó en la muerte, la sintió recorrer sus nervios,

 

le estremeció el temple, y como no fallaron sus dedos,

 

la sangre goteaba, pero no apagaba sus pensamientos.