Meter la lengua entera,
sin apuro, sin violencia,
como quien busca el alma
detrás de una sílaba.
Succionar despacio,
con la delicadeza del que ama el sabor
antes que el festín,
como si cada roce fuera un rezo,
como si cada pliegue de tu piel
fuera una letra escrita por el deseo.
Y entonces recorrer,
con mi lengua desnuda,
cada borde,
cada trazo secreto
que da forma a la palabra
tú.
Porque no hay nombre más dulce,
ni sonido más profundo,
que el que se desea