Ebrio, el punto se garchó a la coma,
así se le encimó, haciendo el punto y coma;
Producto de esta violación, el acento nació.
Torcido creció, tras enterarse cómo se concibió.
Venganza juró, en su inmunda levitación.
Su jeta afiló, y a las brasas del mudo se incrustó.
No conforme, lo arrastró por todas las letras de su nombre.
El hecho saboreó, y en un impulso... boca abajo rodó...