Dr. Eduardo Lapi García, Gobernador del estado Yaracuy (1996-2004) Preso y Exiliado Político que exige annistía π»πͺ
Sol de la Libertad π
Los días luminosos de Caracas no solo alumbraron la senda; encendieron un crisol de conciencia histórica, donde la temperatura de la lucha templó el acero de nuestra libertad.
Allí, en la ciudad del Ávila eterno y de la guacamaya plural, la agenda de la amnistía y la convivencia democrática obtuvo honores, marcando el devenir del tiempo perfecto de Dios.
βFue una siembra bendecida: espontánea en su fervor, sincronizada en su propósito y provechosa en su alcance. Una agenda que abrazamos con la anuencia del afán, nutriéndola con la dignidad de nuestros presos y el anhelo indómito de nuestros exiliados políticos.
βEn encuentros fructíferos, bajo el sol caraqueño alistamos el alma para el viaje hacia el terruño querido. Fueron días de fecunda interacción e intensa solidaridad, donde la utopía dejó de ser horizonte para hacerse palabra empeñada. En un ambiente de confianza, afinamos las cuerdas del reencuentro, sellando una alianza motivada y resteada con la causa.
Hoy, solo aguardamos la bendición y los momentos propios del parto. Porque la historia, tantas veces terca y esquiva en los trances difíciles de la vida, ha decidido darnos su sonrisa. Es la sonrisa de quien sabe que, cuando se busca la verdad y la justicia, el destino se rinde ante la constancia.
Estamos a las puertas de un hecho histórico, imbuido de luz y de libertad.
ββYa olfateamos los hitos por venir. Las dudas se despejan anunciando el abrazo inminente con el Yaracuy amado. Le decimos adiós al destierro -ese estado injusto y enajenante- para volver al origen, a la vida, al abrazo, a la nueva historia.
Huele a petrichor, a ese aroma de nuestras entrañas donde la lluvia moja y refresca la tierra natal. Es la antesala del retorno; el perfume de una Venezuela que se lava la cara para recibir a sus hijos. El amanecer ya no es una promesa, es una certeza que ilumina el camino a casa.
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