Una tormenta teñida de rojo,
de pétalos marchitos y llanto sagrado;
el dolor me tomó como su despojo
en un invierno largo y desolado.
Fue difícil de comprender y de aceptar,
sufrí en el silencio de una soledad gris;
pero entre las ruinas volví a buscar
la raíz que me hiciera de nuevo feliz.
Hoy logro salvar a mi niño interior,
a ese que aún tiene nobleza y fe;
recupero mi brillo, mi luz y mi amor,
y con paso firme, me pongo de pie