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La Caída: Crónica de un olvido precipitado

Quince años después, ahí estabas.
Erigida frente a mí, sosteniéndome la mirada como si el mundo se hubiera quedado sin gente.
 
Me quedé gélida.
Mi mente, de pronto, se volvió calculadora del vacío: los años de ausencia, los días sin el refugio de un abrazo, los segundos exactos en los que dejaste de ser mía.
 
Me rompí. Me hice añicos al intentar recoger, con desesperación, cada fragmento de tiempo perdido. La nostalgia se volvió un contagio que me negó el oxígeno y me ancló los pies al asfalto.
 
¿Se puede naufragar en un suspiro?
En mi pecho latieron siglos; el eco del socorro de una mujer experta en elegir el camino equivocado.
 
Dolió tanto que regresé a nuestra niñez forzada. A esa bandera de inocencia donde el mundo era un juego de barro y mi cabello desafiaba la gravedad. Quería volver a la ceguera de mirar al sol de frente.
 
Quería cruzar, otra vez, aquellos bosques oscuros. No importaba el tamaño del monstruo si tus dedos seguían entrelazados con los míos; esa valentía compartida que nos hacía invencibles.
Juntas.

Entonces lo comprendí:
no fueron quince años de ausencia, fueron quince años de una despedida eterna.
Y dolió tanto... que no me quedó más remedio que olvidarte.