Mira vale esto es de locura,
tú ni te lo imaginas
pastores, presbíteros, y curas,
rezanderos mala vibra, víboras de basura.
Sotana negra, y trajes espurios,
y hay quien paga, a estos esperpentos,
dando su sacrificio, el sagrado diezmo
santifican el asesinato, con sus experimentos.
Atentan contra dios, y todo lo que ha hecho,
endiosan al demonio y alaban a quien la vida quita,
son gobernantes monstruos deshechos,
dicen recibir del cielo un poder para hacer eso.
Destruyen mezquitas, edificios y escuelas,
así son los bárbaros de occidente,
no escuchan ruegos, ni respetan leyes ni acuerdos,
su diplomacia es la mentira y el engaño
te engañan, dalo por hecho.
Se creen tan poderosos, se imaginan ser dioses,
y son tan odiosos que nadie cuerdo los conoce,
y aún se mantienen porque beben sangre,
se alimentan del dolor y del sufrimiento.
[Coro]
Beben del cáliz de la guerra con falso llanto,
venden el cielo mientras siembran espanto.
Falsos profetas de un dios de metal,
su bendición es el golpe mortal,
y su gloria es solo un oscuro manto.
Su dios de muerte hoy se siente contento,
siembran la herida y el mal se expande,
por aire y mar, desde el inframundo,
son los inmundos con sed de sangre.
Alborotados, nos tienen a merced,
urge saciar su hambre y su sed.
matan al mundo por una ganancia,
su muerte es negocio, su sangre es fragancia.
Buscan destruir, no les duele el dolor,
ya se siente el rastro de un fétido olor.
Huele a azufre el aire en la lejanía,
discurso demente con voz de tiranía.
Sumisos y mudos, siempre a su costado,
besan sus pies como perro amaestrado.
Bufones con escolta, payasada que asombra,
siervos que se arrastran sobre su alfombra.
De pies y cabeza se encuentran atados,
es el destino de los arrastrados.
Lluvia de ácido sobre su altar,
cuando al infierno les toque llegar.
Ante la puerta grande se verán plantados,
por todas sus víctimas serán rodeados.
No habrá salida en ese juzgado;
serán para siempre el invitado indeseado.
[Coro]
Beben del cáliz de la guerra con falso llanto,
venden el cielo mientras siembran espanto.
Falsos profetas de un dios de metal,
su bendición es el golpe mortal,
y su gloria es solo un oscuro manto.
Mercaderes del ruego y la fe ciega,
que en nombre de la luz causan la herida,
su mano oculta el arma que despliega.
mientras celebran la muerte de la vida.
No habrá alfombra roja en el abismo,
ni perdón para el perro que se ha callado.
Presos del miedo y de su propio egoísmo,
caerán al fondo de la hoguera por traidores señalados.
[Coro]
Beben del cáliz de la guerra y el llanto,
venden el cielo mientras siembran espanto.
Falsos profetas de un dios de metal,
su bendición es el golpe mortal,
y su gloria es solo un oscuro manto.