LA TUSCA
Para sanar
hay que buscar la tusca,
como lo hacían
los comechingones
en el cerro.
Tusca encendida
de farolas y de siestas.
Renace de las cenizas
del pueblo originario
un sabio indio
para curarme las heridas.
Muele las flores,
quema las hojas,
y estas espinas
no lastiman:
sangran solas
sobre la herida
donde florece la magia.
— Sergio Alejandro Cortéz
poeta
Villa Dolores, Córdoba, Argentina