Lourdes Aguilar

FEMINIDAD

Serás (si quieres) el corazón de un hogar, entendiendo por hogar el espacio donde habitas, el espacio en el que te muevas, la energía que te circunda, de otra manera sólo serás paredes huecas, una simple habitación, un cascarón, atractivo tal vez, pero incapaz de cobijar. 

Serás (si lo decides) caviar fino, champagñe para bindar, dulce fruta siempre en punto para saciar, serán tus palabras son y ritmo siempre placenteras de escuchar, serás mantel de encaje que se ha de lucir, no en el suelo, no en la cocina, no en el patio, sino en la mesa de caoba barnizada y esculpida donde se sirve el banquete, serás el manjar que se paladea poco a poco proporcionando deleites exquisitos.  

Serás (si eso escoges) el fuego permanente, a veces apacible, a veces acrecentado, pero nunca incontrolable y destructivo, escogerás por combustible la oración, el discernimiento y la prudencia, todos difíciles de practicar, pero imposibles de tasar que te harán criatura singular e invaluable, lámpara incandescente, siempre lista para alumbrar.  

Serás (si eso prefieres) paloma de tierno arrullo, gaviota que al náufrago da esperanza, lechuza sagaz o águila real de majestuoso vuelo, podrás ascender tan alto como desees, pero consciente siempre de que para beber deberás descender al suelo. 

Serás (si eso anhelas) el laurel que corone las sienes de tu amado, el himno que le inspire en la batalla, el bálsamo que cure sus heridas, el sagrario al que recurra en su tristeza, las campanas que festejen su victoria. 

Serás, en fin, lo que tú elijas: refugio en despoblado, faro guía de puerto seguro, serás, mujer, el perfume o la peste, la biblia o el grimorio, oro u oropel.