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Nunca paras, nunca asientas,
siempre pasas y te vas,
y yo te miro muy quieta
como una estatua de sal,
como perenne ribera
que ve a su río pasar,
con una fértil orilla
que muchos pétalos da
para que posen en ella
y no se vayan al mar.
Solo espero que te quedes,
que tú, te quieras quedar.
Ofrezco manos pacientes
repletas de dulce ajuar,
que se mueven lentamente
y saben acariciar.
Ofrezco todos los besos
que quiera una voluntad,
sin que queden presas huellas
que atrapen la libertad
del que detiene con pena
porque le cuesta parar,
del que puede volar libre
y libre, quiere volar.
Y qué habrá para ofrecer,
qué cosas para lograr
el detener unas aguas
que siempre quieren viajar,
pues la ribera se queda
y el río siempre se va
con la corriente que expresa
su sentir en su cantar.
¿Qué firmeza hará posible
poder parar un caudal?,
¿qué grandeza hará posible
que no quisieras marchar?
Es sencilla la nostalgia
que siempre nos hace llorar,
pues nada devuelve el tiempo
que transcurre sin piedad
cuando apaga luz y brillos
que han tenido claridad.
¿Qué no habrá que hoy florezca
para después marchitar?,
¿qué no habrá con un comienzo
que no tenga su final?
Nada podrá ser eterno
si no te quieres quedar.
En toda espera hay un sueño
que quiere ser realidad,
un deseo, una ventura,
favor de una voluntad.
El sueño dentro de un sueño
que no quiere despertar,
luz y sombra son testigos
del favor de lealtad
que no puede ser infiel
al sentido de soñar,
soñar que llegas, te quedas,
porque te quieres quedar.
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Jhetsefany