Cuando tu presencia se acerca,
no aparece un símbolo,
sino una corriente real,
un pensamiento que se enciende
cuando casi toca lo que eres.
Hay algo en tu mirada
que no pretende explicar nada:
solo invita,
como si el mundo pudiera desplegarse
justo en la distancia mínima
entre tu aliento y el mío.
Tu cercanía altera mis ideas:
no las desnuda,
las desplaza,
como si cada una buscara un lugar nuevo
desde donde comprender
lo que tu presencia provoca.
Y entonces tu voz,
sin tocarme,
ordena mi pulso
de una manera
que ningún razonamiento consigue.
A veces pienso
que el deseo no es un impulso,
sino una forma de comprender:
una pregunta que solo existe
cuando tu presencia la despierta.
Porque hay ideas
que no nacen en la mente,
sino en una zona más honda
que entiende
antes de que el pensamiento lo diga.
A tu lado descubro
que también hay una inteligencia del cuerpo:
no hecha de palabras,
sino de una claridad distinta
que aparece
cuando algo en mí se inclina hacia ti.
Y entonces comprendo
que el deseo no busca poseer,
sino revelar:
mostrar lo que soy
cuando dejo de ocultarme
de aquello que me atrae.
Y al final comprendo
que no eres destino
ni promesa,
sino la fuerza exacta
que mueve mi pensamiento
hacia donde ya quería ir
pero no se atrevía.
L.T.
Poetas Somos