Hermana,
aunque no estuviste en todos mis días,
tu nombre me acompañó en silencio.
Crecí imaginando tu risa,
pensando cómo habría sido
tenerte cerca.
Hubo juegos que no compartimos,
historias que quedaron a medias,
pero aun así,
te guardé un lugar pequeño
en mi corazón de niña.
A veces te pensé con nostalgia,
no con tristeza,
sino con esa dulzura
que nace de querer sin haber tenido todo.
Hoy entiendo que las ausencias
también pueden amar,
y que no haber estado
no significa no importar.
Hermana,
quizás no caminamos juntas al inicio,
pero sigues siendo parte de mí,
de lo que fui
y de lo qu
e sigo aprendiendo a querer.