Apreciando el horizonte con mi faz meditativa,
viendo el rúbeo Sol hundirse tras un monte azul sin prisa...,
cuando la apacible tarde pone al alma sensitiva,
tibia lágrima salobre por mi rostro se desliza.
Si en el héspero argentado te hallas tú, contemplativa,
y brillando por ausente tu hermosísima sonrisa,
¿sentirás en el descenso de la tarde seductiva,
perla diáfana, salina, que humedezca tu faz lisa?
¿Verterán tus bellos ojos esa lágrima furtiva
por amor que rogo fuera, que, cual tal, dejó ceniza?
¿Y será de sangre gota como de una llaga viva?
Del crepúsculo silente, la serenidad que priva
te dirá que todo pasa, tanto abajo como arriba,
porque muere toda cosa, cual ocaso que agoniza.