Noche de tinta,
que solo me ofreces la madrugada,
si acaso una charla...
¡Qué delicadeza!
la negrura de tu melancolía densa,
nunca entonada...
Pureza desmedida,
en tu gran inocencia que nadie acaricia,
y que merece mi poema...
Mi vieja amiga,
café sin azúcar, ojos de tristeza,
vuélvete música...