Hay días
en los
que solo
me limito
a acostarme.
Pienso
y pienso,
y caigo
en cuenta
que no
solo
soy alguien
que
intenta sobrevivir
siendo productivo
para alguien más,
sino
que tampoco
he sentido
lo suficiente.
Entonces
me dispongo
a sentirme
como un ser
humano:
aflojo
el cuerpo,
destenso
sus músculos,
me relajo
y pongo
una buena
música,
mientras
lloro
en total
soledad.