Presume amor con gesto enamorado,
pero vigila sombras en la puerta;
declara un corazón apasionado
y, a cada paso, duda si ella es cierta.
Se jura fiel guardián de la ternura,
más vive imaginando mil traiciones;
su amor parece un faro en noche oscura,
aunque lo cercan torvas invenciones.
Que pregunte al viento dónde estuvo ella,
consulte al gato, al perro y al vecino;
si tarda un poco, su cabeza estrella
mil sombras contra el mismo desatino.
Al fin descubre, triste y algo airado,
que fue su mente autora del desvelo;
y entiende, ya más manso y resignado,
que el peor enemigo son los celos.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026