Luego de aquella línea invisible entre la vida y la muerte, se abre el trozo de la historia a medio escribir, dieciocho días y ya su alma deambula entre el aquí y el más allá, su pequeño soplo, moribundo decaído entre las diez y las once de aquella noche, aquel corazón tintineante dibujaba aquella línea en el portal de la medicina, una línea sutil acaba la penumbra, luego un pitido que detiene el corazón, no existe pulso, ni latidos, aquel momento, dejaba sin alma el cuerpo de una madre, su sangre se congelaba y sus pupilas dilatadas ante el dolor de la pérdida carnal, nada pesa más que el llanto desgarrador luego de aquel grito al cielo, sus pequeñas manos ya no tenían movimiento y sus ojos camel se habían cerrado, el nudo invisible en su garganta era el inicio de una vida que no quería vivir, un ocho de marzo del año veinte veintidós se teñía de negro y sonaban campanas de panteón, mirando al cielo pedía al Padre no llevarse su alma, el suelo dejó de serlo y así las piernas ya no duelen al chocar nuevamente, pero ahí cuando todo se ve perdido, emana la esperanza en su último respiro y aquella línea vuelve a subir, descontrola el corazón y se siente la vida en las venas, le han dado otra nueva vida, la que se debería vivir con el peso de una pluma.
Fénix 🪶