Luis Rayo

EL RUEGO DEL ÁRBOL GRIS

 

 

Reapareces después del olvido,

lloroso árbol cargado de los grises,

te vieron hincado en tus propias raíces

pidiendo clemencia por el descuido.

 

Perdón que se niega y yace escondido,

sepulcro sin luz, color ni matices;

entierra por siempre los días infelices

en aquel infierno que nunca fue nido.

 

Dios sabe muy bien que debo perdonarte,

con este dolor que me brota del alma,

y agradecer la lección que dejaste.

 

No sé si en el cielo hoy canten con arte

aquellas cadencias que llenan de calma,

más hay alegría desde que alejaste.