Él susurró un débil te amo,
Aniquilando la apofenia que en ella despertaban
sus señales dispersas.
Los dos entrelazados cansados de las máscaras eternas
Ninguno cae en cuenta que la mentira en este momento es certeza,
que la puesta en escena se salió del guión hace tiempo,
que la eternidad es etérea cuando la piedra hiere el agua y esta ondea...
Chocando con todo, sin dejar memoria eterna.
Pero el director de escena vuelve al cuerpo masculino,
dejando a su paso ansiedad y dolor y heridas infantes
y un dejo de brusquedades.
La separa de su cuerpo y su alma pone distancia.
Es todo, es nada, acabó el drama.
No besos, ni caricias, todo se va como el agua.
Vuelven a sus posiciones,
la partida se acaba.
Ella se mueve, con elegancia velada.
Sabe cuál es su lugar,
no hay besos en la entrada de la casa.