Alma de besos
Se contagió de besos desde el primer momento
en que besar su boca lo imaginó de niña;
no preguntó qué tanto, tan solo en su campiña
compaginó el deseo que fue su sentimiento.
Su ardor contar no quiso, lo entretegió cual cuento,
y fue creciendo en ella la inmarcesible viña,
hasta que ya en sus labios la fiebre se hizo riña
del beso que un sus sueños se propagó en el viento.
Y cuando al fin sus labios buscaron otros labios,
el beso no fue encuentro que entró a su corazón:
tan solo fue decurso que trascendió resabios.
Así, cuando la beso, no beso una invención:
yo en su lugar, pues beso, la niña que entre sabios,
un día, sin saberlo me amó sin condición.
Samuel Dixon