Alma de mujer
Alma de mujer que forja con latidos los senderos,
tejiendo con suspiros puentes sobre el tiempo,
donde habita la lluvia y el sol en un acuerdo,
navega entre mareas de sueños prisioneros,
y en cada amanecer reinventa su universo entero.
Guarda en el pecho un fuego que enciende madrugadas,
talla en la piel memorias de lunas y jornadas,
sus manos son refugio donde el silencio anida,
bordando con paciencia las horas descosidas,
mientras oculta espinas bajo pétalos de vida.
Es arquitecta de nidos con alas invisibles,
construye tempestades de calma irresistible,
su risa desordena la gravedad del llanto,
convierte en primavera cualquier invierno santo,
y bebe de la fuente del amor más inviolable.
Lleva en el vientre ecos de mundos no nacidos,
es puerto de los barcos que nunca se han hundido,
su voz es un paisaje de valles y montañas,
derrumba con ternura las más altas murallas,
y escribe con su sangre capítulos de entraña.
Es dueña del hechizo que funde hielo y brasa,
su ausencia pesa más que cualquier densa masa,
descifra los enigmas que el universo esconde,
su luz alumbra rutas por donde nadie responde,
y guarda los secretos que el corazón atesora.
Sus pasos siembran flores en tierras agrietadas,
sus ojos ven auroras tras noches desoladas,
es cómplice del viento y hermana de la brisa,
transforma en pan de oro la más amarga misa,
y danza con la vida aunque la herida aprieta.
Alma de mujer que abraza la sombra y la hace espuma,
que saca de la roca la más liviana pluma,
su esencia es un océano sin fondo ni medida,
dos siglos de existencia en una sola herida,
y en cada despedida renace fortalecida.
—Luis Barreda/LAB
Los Ángeles, California, EUA
Abril, 2025.