Israel Rocafuerte

Un día más de insomnio

Son las 4:30 a.m.,

y despierto temblando,

con el corazón hecho trizas

por un sueño que no debió doler…

te vi feliz,

pero la felicidad no me incluía.

Y ese detalle,

tan pequeño para el mundo,

fue un puñal directo a mi pecho.

Te extraño con una desesperación que quema,

con una necesidad que me avergüenza,

con un vacío que no sé cómo llenar.

Quiero que vuelvas,

quiero sentir tus brazos

para recordar que alguna vez fui suficiente.

Pero ya entendí que no será así.

Ya entendí que el amor no se ruega

aunque el corazón se arrastre.

Respeto tu decisión,

aunque me parta por dentro.

La entiendo,

aunque me deje deshecho,

inservible,

perdido.

Solo que hasta en mis sueños

sigues siendo la voz que no puedo callar,

la nube que no se aleja,

la herida que no deja de sangrar.

Y lo peor…

lo que más me destruye…

es imaginarte ahí,

con alguien que sí puede darte compañía,

que sí puede escuchar tus risas,

que sí puede tocar tu piel

sin miedo a romperse.

Mientras yo,

hundido en mi propio fracaso,

me quedo siendo un espectador de mi derrota,

viendo cómo mi mundo se derrumba

mientras tú construyes otro

donde yo ya no existo.