Doctor en artes de libertinaje, de altas dosis en dopaje; pero ya solté equipaje, ahora soy ligero. Me dicen avispero por llegar primero y alborotar mierdero. Seño, sueno sureño con ojos serenos observando frijoleros ladronzuelos que mordieron anzuelo. Me pueden llamar loco o inadaptado, pero no borrego; estoy afinado a otra frecuencia que les afectaría el cerebro.
Capaz de romper modelos tradicionales y expectativas familiares; siempre lo he hecho, ahora lo entiendo y estoy contento. Es mi camino, las piedras las hice escultura porque soy de la cultura que prefiere escritura que hacerse manicura.
Jubilaron la lectura para enviaciarse en redes que aparentan ser sociales, pasando horas sobando celulares y creyendo que los iPhone dan estatus. Tienen mentes de cactus y el aprendizaje es el globo que no desean acercarse. ¿Dónde quedó aquel interés por el aprendizaje?
Mientras yo crecía, veía cómo morían por caminar por senderos fáciles. Criaturas crecen con postizos padres, algunos con caries que ni con ortodoncia podrían enderezarse; otros con sus abuelos, tíos... Y al crecer, el crío maldice al que lo crió.
Suerte tuve yo creciendo con mi padre; él fue madre y padre, y así crecí: sin apego, sin ego, sin creerme primogénito. Fue inédito cómo mi crianza me formó. Agradezco cada error, cada ejemplo que mi ser me dio.
Las mil flexiones para formar mi cuerpo, proteger mi patria y los míos. Aunque estos, dolidos por mi carácter y la simplicidad en gustos, les da susto ver lo que se esconde entre los arbustos, y mi camuflaje de cazador no teme de mártires.