Hablé con el árbol que tiene cuerpo de pez:
nada.
Hablé con la luz cuyo aroma delirante desfigura:
nada.
Busqué allá donde la curvatura del globo terráqueo ya no es real:
nada.
Entonces calcé agua, vestí recuerdos, huí:
nada.
Llegué a ese lugar que todos añoramos, sintiendo
el espacio crecer en mi:
nada.
Intenté regresar al mundo, ser yo otra vez,
escribirme en un muro para que tus ojos me encontraran:
nada.
Ahora estoy en una forma que me resulta fría,
hay zumbidos alrededor, me encontré con la criatura
de los ojos de obsidiana, de los dedos ígneos…
Entendí por fin que: