Efrain Eduardo Cajar González

Canto a la mujer

I
Mujer, raíz de luz sobre la tierra,
latido firme del primer hogar;
tu voz despierta auroras en silencio
y enseña al mundo entero a caminar.
Eres la llama antigua de la vida,
el pulso que no deja de insistir;
en cada paso siembras horizontes
que el tiempo aprende siempre a compartir.

II
Naciste entre las sombras de la historia
donde quisieron tu verdad callar,
mas tu palabra abrió caminos nuevos
que nadie pudo nunca encadenar.
Fuiste semilla fuerte entre las piedras,
memoria viva de la dignidad;
tu lucha alzó la frente de los pueblos
y abrió las puertas de la libertad.

III
Madre del sueño humano que florece,
hermana clara del amanecer,
guardas en tu mirada el universo
que aprende cada día a renacer.
En tus manos el mundo se levanta,
se vuelve trigo, canto y porvenir;
porque la vida encuentra en tu ternura
la forma más profunda de existir.

IV
Mujer que alza su voz en la tormenta
cuando la injusticia quiere gobernar,
tu paso firme rompe las cadenas
que el miedo pretendía asegurar.
No hay noche larga que tu luz no venza,
ni muro que resista tu razón;
tu dignidad es río que desborda
los límites del tiempo y la opresión.

V
Eres la historia escrita en mil caminos,
en manos que aprendieron a crear;
la ciencia, el arte, el libro y la palabra
se nutren de tu forma de pensar.
Cada conquista lleva tu memoria
como una estrella viva en el azar;
pues donde nace un gesto de justicia
tu espíritu comienza a caminar.

VI
Mujer que abre la escuela de la vida
cuando al niño le enseña a preguntar,
tu voz es puente firme hacia el futuro
donde la mente aprende a imaginar.
Tu ejemplo es brújula silenciosa
que al corazón humano sabe guiar;
y en cada gesto humilde se construye
la esperanza que el mundo ha de habitar.

VII
Eres la calma en medio de la noche,
la fuerza que se niega a retroceder;
la llama que sostiene la esperanza
cuando parece el día perecer.
En tu mirada vive la certeza
de que la vida siempre ha de brotar;
como la lluvia que despierta al campo
tu paso vuelve al mundo a respirar.

VIII
También eres canción y eres misterio,
poema que la historia quiere oír;
la voz que guarda antiguas memorias
y el sueño que nos invita a seguir.
En cada lucha nace tu coraje
como un sol dispuesto a renacer;
y el tiempo escribe en letras invisibles
la huella luminosa de tu ser.

IX
Las plazas guardan ecos de tu nombre,
de tu valor sereno al avanzar;
en cada marcha vive tu esperanza
como bandera abierta al caminar.
Porque la igualdad no es solo un sueño
ni una palabra escrita al azar;
es un camino firme que se aprende
cuando tu paso vuelve a comenzar.

X
Mujer, columna viva del presente,
memoria del futuro que vendrá;
tu voz recuerda al mundo cada día
que nadie nació para mandar.
En tu mirada crece la justicia
como semilla lista para dar;
y el porvenir aprende lentamente
la lección de tu dignidad.

XI
Por eso hoy celebramos tu camino,
tu historia tejida de verdad;
no como un día breve en el calendario
sino como horizonte universal.
Que nunca falte tu palabra libre
ni tu fuerza para transformar;
porque contigo el mundo se levanta
y aprende nuevamente a comenzar.

XII
Mujer, que tu esperanza siga viva
como la aurora al borde del mirar;
que cada niña encuentre en tu memoria
el valor profundo de soñar.
Hoy canto tu existencia luminosa
como quien honra al sol al despertar;
pues donde late el nombre de una mujer
la vida vuelve siempre a florecer.