Lloré
cuando recordé
que soy hija.
Hija de una mujer
que me sostuvo antes de saber mi nombre.
Hija de un hombre
que también caminaba a oscuras
mientras aprendía a ser padre.
Me fui un tiempo.
No del mundo,
sino del centro
donde el amor respiraba.
Me alejé de sus voces,
de sus manos,
y también de Ti.
Creí que podía caminar sola
entre la noche
y el ruido de mi propia hambre.
Pero hoy
algo en mi pecho se abrió
como tierra después de la lluvia.
Y entendí:
no dejé de ser hija.
Ni de ellos.
Ni tuya.
Aunque me haya perdido
entre mis propias sombras.
Hoy vuelvo
con los ojos mojados
y el corazón temblando.
No como quien regresa perfecta,
sino como quien por fin entiende
que el amor
nunca cerró la puerta.
Y en medio del llanto
sentí algo inesperado:
una alegría suave,
como luz al amanecer.
Tal vez
nacer de nuevo
empieza así.
— Arih